miércoles, 15 de abril de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Llanos del Juncal
Una espesa niebla cubría las zonas más altas.
El paseo se hizo más llevadero cuando nos adentramos entre los primeros alcornoques. La vegetación comienza a ser más espesa.
Los cerros que nos rodean aparecen y desaparecen entre las nubes que con gran velocidad llegan
del Estrecho. El sol forma islas luminosas .

El camino serpentea entre los árboles. En estos primeros tramos aparecen algunos pinos, madroños, brezos... Incluso en las zonas más pedregosas crece una curiosa planta carnívora.
La drosofila
En las zonas más altas, antes de llegar a las cumbres, la humedad que deposita el viento de Levante ha propiciado la existencia de un bosque (laurisilva) que en tiempos remotos ocupaba una gran extensión y que en la actualidad ocupa pequeños reductos. En la vegetación cabe destacar, entre otras, el rododendro, que en primavera,cuando florece, es un verdadero espectáculo, el roble africano, helechos, ombligo de Venus, cólquico, musgos , el líquen pulmonaria, rosal silvestre...
rododendro
musgo, polipodium y ombligo de Venus
rododendro
musgo, polipodium y ombligo de Venus
líquen pulmonaria.
Nuestro destino eran Los Llanos del Juncal, que alberga un pequeño bosque de rododendros, mezclados con quejigos enanos.
Después de una caminata por su interior y de comprobar lo original y lo importante de este enclave, descendemos de estos llanos y buscamos un lugar de descanso cerca del nacimiento del río Guadalmesí. Allí el frío es intenso.
El descenso entre helechos, quejigos y alcornoques (encontramos algunos troncos abatidos por un hongo que pone en peligro su existencia) hasta los molinos de viento es rápido. Nuestra satisfacción por conocer un lugar tan interesante es total. Nuestro deseo es que estos lugares sean respetados y que entre todos los protejamos.
sábado, 28 de febrero de 2009
miércoles, 14 de enero de 2009
Caminito del molino S. Francisco
En Jimena (Cádiz), aprovechando la fuerza del agua en ríos y gargantas, existieron en otra época los molinos. Ya sólo quedan su recuerdo y unas ruinas. Pero están enclavados en sitios privilegiados. Son lugares rodeados de pura naturaleza. Una visita es obligatoria es esta época de agobios. Ahora, después de las abundantes lluvias, cuando la tierra rezuma agua por todos sitios, es un regalo para los sentidos.
martes, 23 de diciembre de 2008
La charca de Salao
Después de una larga caminata por una pista forestal que discurre por la Loma del Cochino, nos desviaremos a nuestra izquierda al llegar a unas cabrerizas. Seguiremos por un camino trazado cerca de una alambrada que nos conducirá a la cresta de una enorme laja inclinada y muy fácil de recorrer en sentido descendente.
Enormes grietas acogen una exuberante vegetación con ejemplares exóticos y raros como el rododendro y el psilotum nudum.
La erosión del agua ha dejado pequeñas pocetas en las que, después de la lluvia, se desarrollan pequeños escarabajos y curiosos camarones que dan lugar a pequeñas islas de vida en lo más abrupto de la enorme laja.
El río Salado atraviesa la gran roca de arenisca formando pequeñas cascadas esacalonadas. Al final se transforma en una fría y profunda charca.
Mi padre, un sampableño que ronda los 94 años de edad, siempre me hizo comentarios de este lugar. Lo conoció cuando formaba parte de una hato de corcheros hace cerca de 75 años.
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